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Adiós Frantz (P2)

August 29, 2017

 

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En toda historia hay un villano. Alguien que, debido a sus acciones, evita o le dificulta al protagonista, lograr sus objetivos. No obstante, todos sabemos que los malos nunca ganan y siempre obtienen su merecido.  

 

En mi historia, la villana fue una "doctora" que me hizo pasar uno de los peores momentos de mi vida. Y como lo prometido es deuda, espero que estén listos para uno de mis chismes favoritos... porque esperé mucho tiempo para contárselos.

 

Como les dije en la primera parte de mi última batalla contra el cáncer, después de estar tres días en terapia intensiva, me admitieron en terapia media. Y eso significaba que, a pesar de haber pasado por dos enormes operaciones el 15 y 16 de junio, estaba evolucionando bien y podría estar más tiempo con mis seres queridos. 

 

Aunque seguía con bastante dolor y sin el timbre cerca, la noticia de dejar terapia intensiva me hizo sentir mucha alegría. Sin embargo, ésta se desvaneció en poco tiempo porque al llegar a terapia media, UNA VEZ MÁS sentí que me "abandonaron a mi suerte".  

 

El 18 de junio, un camillero y una enfermera me trasladaron en cama al que sería mi nuevo cuarto. El trayecto no fue muy largo, ya que terapia media está situada enfrente de terapia intensiva, aunque se siente totalmente otra vibra.

 

Y antes de que les cuente el drama de terapia media, debo ponerlos en contexto. 

 

Como les estuve contando en la primera parte, todo el tiempo sentía mucho dolor. En ocasiones, los 1,000 cuchillos que constantemente atravesaban el lado derecho de mi cuerpo, se sentían como un millón. Además, el dolor era muy impredecible. Un momento podía ser molesto pero aguantable y en cuestión de segundos, podía volverse tan intenso, que lo único que me quedaba era retorcerme en mi cama hasta que se calmara.

 

No sé en otros hospitales, pero en el ABC, te piden que clasifiques la intensidad de tu dolor en una escala del 1 al 10 (y es importante que sepan que desde el principio dije que nunca diría el 10, porque para mí, el 10 significaba la muerte). Pero para que se den una idea, estaba en un constante 8.5 de 10 casi todo el tiempo.

 

 

CUARTO 258 DE TERAPIA MEDIA

 

 

El camillero y la enfermera me dejaron en el cuarto 258 de terapia media, sin decirme nada más y sin dejarme el timbre cerca, pero como sabía que mi familia entraría pronto, intenté no ponerme de malas. Sin embargo, fracasé en mi intento porque 15 minutos pasaron y el dolor nivel 7 que sentía en ese momento, comenzó a incrementar. 

 

Mi cuarto tenía la puerta abierta y escuché a dos personas afuera (había vuelto a quedar frente a una central de enfermeras). Aún estando en un dolor intenso, donde es casi imposible hablar y ahora imagínense gritar, reuní todas las fuerzas que pude y pedí ayuda, pero no me hicieron caso y fue la gota que derramó el vaso. Me puse furiosa y sabía que descargaría mi enojo contra la primera persona que entrara. 

 

Al poco tiempo llegó un camillero, le pedí una disculpa por adelantado y le dije: "Perdón, yo sé que no es tu culpa pero... ¡No es posible que me dejen aquí, que no me digan nada, que no me pongan el timbre cerca, que no me hagan caso! ¡Me estoy muriendo y no me están ayudando! ¡Yo no debería de decirles cómo hacer su trabajo!".

 

Mientras decía esto, a mi cuarto entraron otra enfermera y la villana de la historia, una residente de pelo lacio y negro. Para cuando terminé de decirle esto al camillero, yo ya estaba muy agitada, muuuy enojada y llorando. Además, el dolor había vuelto a subir al nivel 8.5 debido a tanta alteración.

 

En ese momento, entraron mi mamá y mi tía Priscilla, sin tener idea de lo que estaba pasando. "Tranquila, mi vida. Ahorita te ayudan", me dijo mi mamá porque pensó que estaba inquieta por el dolor, sin embargo, pronto se dio cuenta de que la "doctora" me estaba IGNORANDO y que nada más escribía y escribía en su bloc de notas, como si sólo le importara entregar la tarea.

 

La personalidad de mi mamá y la mía son muy parecidas. No es por nada, pero siempre somos muy lindas y amables con todos. Sin embargo, si alguien nos trata mal, le enseñamos el otro extremo de nuestro carácter, no importa quien sea.   

 

Así que después de que mi mamá se dio cuenta de que la "doctora" estaba ignorándome, se acercó a ella enojada y le dijo: "A ver, ni tú ni yo sabemos cómo le duele y espero que jamás lo sientas, ¡pero te está hablando y la estás ignorando!". 

 

La "doctora" ahora nos estaba ignorando a las dos, continuaba sin levantar la vista y escribiendo (seguro con fea letra) en su bloc de notas. Mi mamá se puso enfrente de ella, la señaló con su dedo índice y le dijo: "¡A veeeer, por qué la estás ignorando!". Entonces, la pseudo-doctora por fin abrió la boca: "¡NO SE ME ACERQUE! ¡VOY A LLAMAR A SEGURIDAD PORQUE NO PUEDE ESTAR GRITANDO AQUÍ! ¡SEGURIDAD! ¡SEGURIDAD!"... y ella fue la que gritó más.

 

Yo estaba llorando, pero cuando escuché eso, se me quitó automáticamente el llanto y le contesté a la "doctora": "¡SI ALGUIEN SE VA A SALIR, VAS A SER TÚ! ¡MI MAMÁ SE QUEDA!". Esta pseudo-doctora se quiso aprovechar de que estaba lisiada, pero no contaba con que aún en ese estado, mi carácter seguía siendo fuerte, que no me iba a dejar de nadie y mucho menos permitir que sacaran a mi mamá.   

 

Entonces, la "doctora" se acercó a gritonearme a mi cama (¿No que no se podía gritar?): "¡A VER MARÍA JOSÉ! ¡¿QUÉ TE ACABO DE DECIR, EH?! ¡QUÉ TE ACABO DE DECIR!"... Y por supuesto que no me acuerdo qué me acababas de decir, bruja. 

 

Mi mamá le pidió en repetidas ocasiones su nombre, pero la "doctora" nunca se lo quiso dar. Por esta razón, salió de la habitación y llamó a mi papá, quien entró hecho una furia y dijo que la "doctora" X (más tarde nos dieron su nombre) tenía prohibido tocar mi expediente, darme alguna pastilla o acercarse a mi cuarto. 

 

La situación se resolvió en poco tiempo. La jefa de enfermeras ayudó a calmar las cosas y nunca volví a ver a la "doctora" X. El Director de Terapia Intensiva, le ofreció una disculpa a mis papás y les dijo que la iba a reportar. Y creo que es válido mencionar que la pseudo-doctora jamás ofreció una disculpa.

 

Pero como les digo, los villanos siempre obtienen su merecido. La bruja fue reportada por el Director de Terapia Intensiva, las Pink Ladies y por mí, a través de un bonito y detallado formulario de queja (que escribí varios días después).    

 

De todos modos, ...CHE DOCTORA X. Y aunque espero nunca volver a encontrármela, le daría una sencilla recomendación: cambia de profesión. Un mes en el hospital me permitió darme cuenta de quiénes (doctores, camilleros o enfermeras) realmente tienen vocación y sienten amor por lo que hacen. Si quieres ser DOCTORA, debes tratar de ser comprensiva o tener algo de empatía hacia tus pacientes. Y más si éstos están en terapia intensiva o en terapia media, porque son los que peor se sienten. Ninguno está ahí por gusto y lo que menos necesitan es a una "doctora" que los haga sentir peor. 

 

Y como me encontré una foto de la "doctora" X, aquí se las dejo:

 

Ilustración de Ximena Cardós (@ximenacardos

 

Obviamente, después del altercado, terminé muy mal. Lo poco que había avanzado, lo volví a retroceder. Debido al enorme coraje de la tarde, el hígado no me dejaba de doler y por esta razón, pasé una de las peores noches de mi vida. 

 

Estaba intentando dormir, cuando el dolor se disparó y se volvió, en pocos segundos, intolerable. Las enfermeras llamaron a Etulain (mi anestesiólogo favorito) y mientras llegaba, le pedí a mi mamá entre lágrimas y gritos, que le hablara a Roberto (mi psicólogo) porque necesitaba que me calmara, que me ayudara a deshacerme del enojo que sentía... realmente necesitaba ayudarme a mí misma. 

 

Era tarde, pero Roberto contestó luego luego. "Siento mucho resentimiento y mucho odio, estoy muy enojada... y no puedo quitarme el enojo", le dije. Y como siempre, hablar con Roberto me hizo sentir mejor, pero de pronto... ¡AAAUCH! Tuve que soltar el teléfono porque el dolor llegó a un 9.5 de 10. 

 

"Ma, ¡me voy a morir! Bueno... no morir, pero me duele demasiado y no aguanto más. ¡Estoy muy harta!". Yo estaba enojada, frustrada y muy triste, y aunque sabía que si le decía esto a mi mamá sólo la haría sentir mal, se lo dije de todos modos por alguna razón egoísta. Pero Etulain llegó, me ayudó a aliviar un poco el dolor y tuve MI SEGUNDO TRIP:

 

>>Mi corazón empezó a latir muy rápido y muy fuerte. ¡Pum, pum, pum, pum, pum! Me puse taquicárdica y la pared del cuarto se iluminó con una luz muy blanca. En ese momento, tuve que tomar una decisión: quedarme en la realidad gris y dolorosa o fundirme con la pared (que comenzaba a deformarse, salirse en bloques y alargarse) y aventurarme hacia donde me llevara. Obviamente, volverme parte de la pared me pareció la mejor opción y cuando me fundí con ella, sentí cómo mi esencia se movió a la velocidad de la luz. Bajé por unas escaleras blancas, escuché las voces de Etulain y mi mamá, y pude volver a "elegir" si quería regresar o seguir. Como estaba contenta con mi momento de libertad, le di la espalda a la realidad y seguí mi camino hasta que llegué a China. Unas puertas de elevador se abrieron, me recibió una china con una reverencia y de pronto, me encontré en la calle de un mercado. Todo era de color blanco y por eso, me sorprendí cuando un chino bigotón del trip quiso abrazar a mi mamá, que se encontraba en la realidad gris. Y entonces le dije a mi mamá: "Un chino te quiere abrazar, pero ya le dije que no".

"¿Ah, sí? ¿En dónde estás?", me preguntó.

"En China", le contesté.

"¿Y sabes hablar chino?", me volvió a preguntar.

"Sí, escucha: guan-ching chiang chooong gua-chu-ming".

Mi mamá dice que le dije que estaba hablando en chino mandarín, pero yo me acuerdo que no le hablé en chino, le hablé en japonés (aunque la verdad es que tampoco sé hablar japonés... y no, no me grabó, jaja).<<

 

Seguramente, al día siguiente seguía con efectos de la morfina, porque en el cielo azul que se veía por la ventana del cuarto, vi pececitos.

 

"Mira, hay como peces ahí. ¿Tú también los ves?", le dije a Xime (una prima que es como otra hermana).

"Sí... sí es cierto", me contestó para seguirme la corriente.

"¿Verdad que sí? Son como truchas".

 

 

Y VOLVIÓ A LLEGAR LA NOCHE

 

 

Algo de feo y triste tienen las noches en el hospital. Y a mí, casi siempre, me daban los peores dolores en la noche. Como les confesé en la primera parte, hubo una en la que me dieron ganas de tirar la toalla... y esta fue esa noche.

 

No me acuerdo ni en qué momento, ni por qué pasó, pero de la nada, la intensidad de mi dolor llegó a un 9.8 de 10. Paola (mi hermana) le pidió a las enfermeras mis medicamentos de rescate y en lo que llegaban, le dije casi lo mismo que a mi mamá la noche anterior, a pesar de saber que sólo la haría sentir mal... pero no sabía qué más hacer.

 

"¡Estoy HARTAAA! Ahora sí, ya estoy muy harta. Si mañana me sigue doliendo, ya no voy a luchar y me voy a dejar morir. Te lo juro, Pao. Y no me importa. ¡Ya me harté de no mejorar y de que me duela tanto! ¿Por qué tiene que doler asííí?", le dije llorando. 

 

Paola, mi enfermera estrella y quien en todo momento me cuidó y reconfortó, ahí estaba una vez más, tratando de hacer que su hermana mayor se sintiera mejor. Me pasó la fotografía de mi tío Lalo que tenía en el buró, lo abracé y le pedí que me cuidara, que me ayudara a suplicarle al Universo que me quitara el dolor y quise que fueran él y mi abuela, quienes vinieran por mí. Y después, me quedé dormida.

 

 

Esa noche me quedé a dos décimas de la muerte. Esa noche sentí tanto dolor que no puedo ni describirlo. Esa noche se me fueron las ganas de seguir luchando. Esa noche pisé el fondo. Pero también, gracias a esa noche, estoy más segura que nunca de que tengo que vivir.  

 

 

¡ME PASÓ UN MILAGRO!

 

 

Estoy segura de haber experimentado en carne propia un milagro. Y digo milagro porque no encuentro otra palabra que lo describa mejor. Como acaban de leer, me quedé dormida mientras sufría un dolor nivel 9.8 de 10... y desperté con un nivel de dolor 1.5.

 

¡WOW! No me lo podía explicar, era como no sentir nada y al principio del día, no lo podía creer, me sentía liberada. Era como si el Universo se hubiera apiadado de mí y me hubiera ahorrado días de sufrimiento, sin embargo, tenía un poco de miedo de que fuera demasiado bueno para ser verdad. Pero el día transcurrió y mi dolor lo más que subió fue a un tolerable y bienvenido 3. 

 

Pude levantarme al baño y accedí a intentar caminar, cosa que sí logré, aunque de regreso me tembló todo el cuerpo. De igual manera, traté de comer un poco más de lo que había comido en varios días y por primera vez en mucho tiempo, sentí que iba a mejorar.

 

Después de mi milagro, todo fue cada vez mejor, mejor y mejor. Mi ánimo subió y mis ganas de seguir luchando, se renovaron. Ahora sabía que era capaz de todo, que me quedaba poco para salir de ésta y sentía una nueva fuerza interior. 

 

 

AGUA EN EL PULMÓN 

 

 

Además del dolor, también tuve que luchar contra diversas complicaciones. A pesar de que no eran lo ideal, tampoco resultaban extrañas debido a las dos enormes operaciones por las que acababa de pasar.

 

Paco Vélez, otro de los mejores cirujanos de México, un día llegó a decirme que tenía agua en el pulmón derecho y que probablemente, me tendrían que hacer una punción (picarme con una aguja grande) para extraerla, pero que seguía decidiendo con Chan si era necesaria o no. 

 

El problema de tener agua en el pulmón no era el derrame en sí, porque si no daba problemas podía dejarse y esperar a que mi cuerpo lo absorbiera solo. Sin embargo, había tenido episodios de taquicardias y fiebres extrañas, y los doctores desconocían si el derrame pleural era la causa. 

 

"Y si no se hace, ¿cómo se puede quitar?", le pregunté.

"Caminando y haciendo los ejercicios del TRIFLO que no quieres hacer", me contestó Paco.

"Les prometo que si no me la hacen... me voy a aplicar con mis ejercicios y caminaré más. Porfa, dile eso a Chan", le dije para intentar convencerlo de que nos saltáramos la punción. 

 

Paco salió de mi habitación para hablar con Chan y me dijo que no tardaría en regresar. En ese inter, me sentí como cuando vamos a ir a la playa, que queremos ser flacos una noche antes y creemos que cenando poquito, podemos lograrlo. Así que pedí que me pasaran el TRIFLO (un aparato que te ayuda a realizar respiraciones profundas), hice 15 repeticiones en vez de las 10 que tenía que hacer y tenía la intención de salir a caminar, cuando regresó Paco y me anunció que Chan había decidido que, por el momento, no me harían la punción del pulmón y me darían chance de cumplir mi palabra. 

 

... Y yo sentí que me iba a dar un patatús. Sí, así como viejita de telenovela mexicana. La noticia me hizo sentir aliviada por dos razones: 1) Me daba miedo la idea de una intervención más y 2) Por fin las cosas me estaban saliendo bien.   

Además, para ayudar a disminuir el tamaño del derrame pleural, me mandaron dos terapias. La terapia física, en la que me hacían caminar tres veces al día y otra que, aunque no me acuerdo del nombre, me hacía masaje en la espalda.

 

Eduardo Etulain y yo.

Paco Vélez y yo.

 

No obstante, a pesar de que cada vez estaba mejor, seguía sintiendo bastante dolor y eso hacía que mi ánimo se decayera. Pero un día, Alfredo (mi novio), intentando animarme, me dijo: "Sé que te duele, pero ¡YA NO TIENES CÁNCER! Y estoy muy feliz por eso. Hay una frase, que no sé si me escuche muy cursi diciéndola, pero dice que 'no puede llover para siempre' o algo así. El dolor va a pasar y pronto vas a estar muy bien. Ya no estás enferma, sólo tienes que recuperarte. Acuérdate de eso y sigue echándole ganas". Y desde entonces, la frase que me dijo, me ha hecho mucho sentido. Es verdad que no puede llover para siempre, porque ni lo bueno ni lo malo duran para siempre... y eso hace que la vida sea mucho más interesante.

 

Además, contaba con EL MEJOR ESCUADRÓN DE SANACIÓN. Mi familia, novio y amigos cercanos me visitaban a diario, me alimentaban de chismes y me recargaban de energía y buena vibra. Sin duda, ellos eran una de las muchas razones para seguir echándole ganas.

 

Una de las técnicas que desarrollé para ignorar el dolor durante mis noches de insomnio, era hacer planes para mi futuro inmediato y a largo plazo. ¿Qué era lo primero que haría cuando saliera del hospital? ¿Qué quería lograr una vez que me recuperara? ¿Qué tipo de vida era la que quería para el resto de mis días? 

 

Y la verdad es que casi siempre planeaba lo mismo:

1) El nombre del cachorrito que había conseguido con la "C" CARD* y quien, después de muchos intentos, se llamaría PANCHO para nunca olvidar a los doctores que me habían salvado la vida: PA de PACO (por Paco Moreno y Paco Vélez), CH de CHAN, O de EduardO (Etulain) y A de LucíA. (Como pueden darse cuenta, debrayaba mucho, pero el nombre me gustó. Jaja).  

2) La comida que haría para celebrar mi victoria sobre el cáncer.

3) La decoración del departamento inexistente en el que viviré una vez que me case (...no hay presión, Alf).  

 

[Ahora, hagamos rápidamente un paréntesis en la historia para que les cuente qué es LA "C" CARD*:

 

Uno de los beneficios que tiene el cáncer es la "C" CARD y aunque espero que cada vez existan menos afiliados, les explicaré algunas de sus ventajas. La "C" CARD es una tarjeta que te es otorgada automáticamente después de que tu doctor te dice: "Tienes cáncer". Así, sin más preguntas o trámites que hacer, eres acreedor a todos sus beneficios y, si quieres, puedes hacer uso ilimitado de ella hasta que te recuperes completamente y termine tu contrato. 

 

Como no soy abusiva, sólo la había utilizado para obtener masajes en los pies o la espalda cuando me dolía. Pero como sabía que me quedaba poco tiempo con ella, decidí sacarle provecho y así fue como conseguí al hermoso Pomeranian blanco que había querido por años. 

 

Por la "C" CARD, mis papás por fin accedieron a dejarme tenerlo y Fer Moreno (otra de mis primas más queridas), varias semanas después de que me dieron de alta definitivamente, LLEGÓ DE SORPRESA A MI CASA CON PANCHO y así me hizo una madre primeriza extremadamente feliz. Abajo les dejo una foto para que compartan mi fascinación por él].  

 

Pancho López de casi dos meses. 

 

Como les dije, no puede llover para siempre, y aunque a mí me faltaba atravesar un par de tormentas más, ME DIERON "DE ALTA" UNA SEMANA Y DOS DÍAS DESPUÉS DE LA SEGUNDA OPERACIÓN

 

Esto era todo un logro, ya que muchas personas a quienes operan del hígado se quedan varias semanas o hasta meses en el hospital, y la recuperación total tarda aproximadamente 6 meses (depende de la persona, claro). Pero yo, después de haberla pasado tan mal, estaba evolucionando de manera tan extraordinaria que los doctores consideraron prudente seguir con mi recuperación en casa.

 

 

24 DE JUNIO

 

 

El 24 de junio me dieron "de alta" y por un momento, tuve sentimientos encontrados. Por un lado, me sentía la persona más afortunada del mundo y por el otro, tenía un poco de miedo. ¿Por qué? Porque fue muy difícil para mí aceptar que, a mis 24 años tenía cáncer y aunque recuperar la salud era lo que más anhelaba y por lo que había luchado con tantas ganas, lo cierto es que la sanación total me tomó desprevenida y temía que se tratara de sólo un sueño. Pero tenía UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD EN LA VIDA y por ningún motivo la iba a desperdiciar.

 

Después de asimilar la noticia de que estaba lista para volver a la vida más sana que nunca y libre de cáncer, sentí una felicidad tan grande que me es imposible expresarla con palabras. Nunca había sido tan feliz en mi vida, mi corazón estuvo a punto de explotar de alegría y experimenté por primera vez cómo se siente LLORAR DE FELICIDAD

 

Por fin, después de haber soportado los más grandes dolores y defendido mi vida con uñas y dientes, pude saludar a la magnífica vida que me estaba esperando afuera del hospital.

 

 

Sin embargo, nadie se imaginaba que apenas iba a la mitad del camino de la sanación total y que aún me faltaba atravesar un par de tormentas más.

 

A pesar de que el domingo, mi primer día de vuelta en casa, me había sentido 95% de bien, al día siguiente, comencé a sentirme mal, mal y cada vez peor. Me dio fiebre y ésta se volvió tan alta que, tanto Chan como Paco Moreno, decidieron que lo mejor era que me fuera de emergencia al hospital.

 

Y debo confesarles que en el camino iba muy preocupada. Además de que me dolía el cuerpo y sentía como si tuviera la costilla rota, no entendía el por qué del cambio tan repentino en mi salud y me aterrorizaba la idea de tener que pasar por otra operación porque creía que no la podría aguantar.

 

En urgencias me recibió Paco Moreno (el mejor infectólogo de México) y mi mamá entró conmigo. Me pusieron un doloroso catéter, me hicieron una tomografía, me tomaron diversas muestras de sangre y por desgracia, los resultados no pintaban nada bien. 

 

Por alguna extraña razón, se había tapado mi drenaje y eso me había causado una peligrosísima infección. Por este motivo, tan sólo dos días después de haber salido, reingresé al hospital ABC de Observatorio y sin saberlo, estuve en riesgo de muerte por segunda vez.

 

 

***

 

 

Aquí pararé la historia por ahora, pero te prometo que no tardaré demasiado en escribir la tercera parte para terminar contarte el desenlace de mi última batalla contra el cáncer. ¡No te la vayas a perder! Y como siempre, muchas gracias por el apoyo continuo. 

 

Con cariño,

 

Majo.

 

Pd. Siéntete libre de compartir y contactarme en cualquier momento en redes sociales como @goodbyefrantz :) 

 

 

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