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El fantasma de Frantz

November 3, 2017

 

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Frantz fue un estratega silencioso que llegó sin invitación a mi cuerpo y a mi vida. Se instaló en mi páncreas y amenazó con quitármelo todo. Poco a poco se hizo fuerte y como buen cáncer, planeaba asesinarme. Se convirtió en una bola gigante y envió a sus mejores soldados a invadir mi hígado. 

 

Mi cuerpo quiso avisarme de la invasión, me envió señales y trató de hablarme, pero no supe hacerle caso. Por esto, me defendió como pudo y el bazo se sacrificó ante este enemigo imponente para evitar que sus garras llegaran a otro órgano importante como el estómago.

 

Por azares del destino, me di cuenta tarde pero aún a tiempo de poder hacer algo. Así que, a mis 24 años, convoqué al mejor ejército mexicano de familia, amigos y doctores, y fui a la guerra por la vida junto con mis soldados más leales. Sufrimos algunos ataques sorpresa, pero tres meses después de conocer a este poderoso general alemán, logramos aniquilarlo.

 

Ambos equipos sufrimos brutales golpes. Estuvieron en riesgo mis sueños, mi tiempo y mi vida. Perdí 66% del páncreas, el bazo, la vesícula y 50% de mi hígado derecho. Sin embargo, vencí a mi Tumor de Frantz y logré convertirlo en cenizas junto a todos sus malignos soldados. 

 

Después de una guerra, quedan tirados en el campo de batalla los muertos y con ellos, sus fantasmas. De los fríos cuerpos inertes se evaporan espectros de luz que pueden elegir seguir su camino o regresar a cobrar venganza.    

 

Frantz, como buen alma en pena, despierta por las noches y trae consigo los dolores, la ansiedad y la tristeza.

 

El fantasma de mi cáncer no quiere hacer las paces conmigo. Después de todo, soy yo la responsable de que no siga vivo y ha decidido quedarse en el fondo de mi mente como una vocecita incómoda que susurra y asusta.  

 

"Puedo regresar", es su amenaza favorita.

 

El fantasma me ha hecho creer que se me acaba el tiempo, que voy a vivir sólo unos cuántos años más y me dan ganas de adelantarlo todo. Me ha hecho creer que volverá, que no pasará mucho tiempo y resurgirá de las cenizas para volverme a invadir y terminar lo que no le dejé.

 

Mi Tumor de Frantz me ha quitado la seguridad que antes sentía y me ha dejado miedos. Miedo a lo que me voy a perder. Miedo a mis pensamientos. Miedo a que cuando esté empezando a superarlo todo, Frantz regrese.

 

Este año luché contra los malos y demostré que los buenos no sólo ganan en las películas. Sin embargo, también este año aprendí que los fantasmas no son sólo cosas de películas y que se despiertan al llegar la oscuridad.    

 

Probablemente nunca volveré a ser realmente libre y ya sé que cuando oscurezca voy a sentir miedo. Lo único bueno es que, aunque algunas noches sean muy largas, los fantasmas siempre se van al salir el sol.

 

Majo.

 

 

***

 

 

Pd. Puedes conocer más de mi historia en: 

1. Hola Frantz   

2. Operación: Operación

3. Carta a Frantz

4. Adiós Frantz (P1)

5. Adiós Frantz (P2)

6. Adiós Frantz (P3)

 

y seguirme en redes sociales como @goodbyefrantz.

 

Pd2. Lee "Hashimoto y el fantasma del Tumor 'T'" para otra historia de miedo. 

 

 

  

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